- Ciencia patológica

En ocasiones, científicos y políticos hacen pasar como investigaciones bien realizadas lo que son manipulaciones –conscientes o inconscientes– de los datos. En 1953, el premio Nobel de Química Irving Langmuir definió “ciencia patológica” como un proceso psicológico mediante el cual un científico se aparta inconscientemente del método científico y malinterpreta los datos de sus experimentos guiado por sus deseos y expectativas.

Langmuir dio una serie de características que debe cumplir este tipo de mala práctica de la ciencia: ● El máximo efecto observado es producido por un agente causal de intensidad apenas detectable, y la magnitud del efecto es sustancialmente independiente de la intensidad de la causa. ● El efecto es de una magnitud situada en el límite de detectabilidad y normalmente se necesita realizar largas series de medidas debido a la poca importancia estadística de los resultados. ● Hay afirmaciones de gran precisión. ● Se sugieren teorías fantásticas contrarias a la experiencia. ● Las críticas se resuelven con afirmaciones ad hoc y el número de quienes la apoyan aumenta para luego descender hasta caer en el olvido.



Entre la clase política es habitual la llamada “ciencia basura”, un término acuñado por Paul G. Giannelli para describir a los peritos en juicios que usan sus conocimientos para engañar a jurados y jueces. Ejemplo de esta práctica son las investigaciones de la industria tabaquera sobre el efecto no dañino del humo en fumadores pasivos.

Miguel Ángel Sabadell

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Nicolás Maquiavelo:

Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos. En general los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver pero pocos comprenden lo que ven.

1948 - George Orwell


Se trata de esto: el Partido quiere tener el poder por amor al poder mismo. No nos interesa el bienestar de los demás; sólo nos interesa el poder. No la riqueza ni el lujo, ni la longevidad ni la felicidad; sólo el poder, el poder puro. Ahora comprenderás lo que significa el poder puro. Somos diferentes de todas las oligarquías del pasado porque sabemos lo que estamos haciendo.

Todos los demás, incluso los que se parecían a nosotros, eran cobardes o hipócritas. Los nazis alemanes y los comunistas rusos se acercaban mucho a nosotros por sus métodos, pero nunca tuvieron el valor de reconocer sus propios motivos. Pretendían, y quizá lo creían sinceramente, que se habían apoderado de los mandos contra su voluntad y para un tiempo limitado y que a la vuelta de la esquina, como quien dice, había un paraíso donde todos los seres humanos serían libres e iguales.

Nosotros no somos así. Sabemos que nadie se apodera del mando con la intención de dejarlo. El poder no es un medio, sino un fin en sí mismo. No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura. El objeto de la persecución no es más que la persecución misma. La tortura sólo tiene como finalidad la misma tortura. Y el objeto del poder no es más que el poder. ¿Empiezas a entenderme?