- La Salud de Narciso

La característica más significativa de quienes consideran que ocupan el centro del mundo es la grandiosidad y la maravillosa imagen que tienen de sí mismos, hasta el límite de exagerar sus logros y esperar que se les trate de forma exclusiva. Siempre que advertimos que los rasgos de personalidad son rígidos e inflexibles hasta el punto de dificultar la adaptación del individuo a su entorno, decimos que sufre un 'trastorno de la personalidad'.



Esa peculiar forma de ser le causa un malestar importante y le dificulta la satisfacción de sus necesidades y objetivos personales, sociales o laborales, desazón que se extiende también a las personas de su entorno. Así sucede con las personalidades narcisistas. Este adjetivo se nutre de la mitología clásica, ya que Narciso se llamaba el personaje que se ahogó en un estanque, extasiado de tanto contemplar su belleza reflejada en el agua.

La personalidad del Narciso

La característica más significativa de la estructura de personalidad narcisista es la grandiosidad: son sujetos que se sobrevaloran, que exageran sus logros y que esperan -y llegan a exigir- que se les trate de forma exclusiva. Las normas y convenciones sociales no están hechas para ellos sino para los demás. Por eso no dudan en saltárselas cuando están seguros de que no les traerá consecuencias y les facilitará satisfacer sus necesidades.

Consideran que son tan especiales y complejos que pocas personas pueden entenderlos. De ahí que tiendan a mirar a los demás por encima del hombro. Pero la realidad es que son ellos los que se muestran incapaces de ponerse en el lugar del otro, por lo que no muestran ningún reparo en relacionarse de forma explotadora. Se caracterizan porque siempre piden y no sienten que deban hacer o dar algo a cambio.

Paradójicamente, su autoestima es voluble y precisan de la valoración y el reconocimiento continuado sobre lo bien que hacen las cosas. Prueba de ello es que las amistades y la propia pareja deben rendirles pleitesía a través de su gratitud y valoración, y siempre escogen a rendidos admiradores para sus viajes cotidianos.

El patrón de conducta más habitual del narciso también se concreta en que a menudo suelen esconder sus sentimientos, aunque con una marcada tendencia a expresar rabia o vergüenza cuando se les critica o se conoce un fracaso, incluso a través de un contraataque feroz y destructivo. Otro sentimiento muy común en ellos (aunque no lo reconozcan) es la envidia: no pueden soportar a aquellos que han triunfado o que despiertan la admiración de los demás, y que les quitan -injustamente- protagonismo.

Como son personas que toleran muy mal la insatisfacción y los errores, se dejan llevar por una florida capacidad para la fantasía, donde exageran sus capacidades y minimizan sus defectos. En ellas siempre son los mejores y nunca fallan, pero cuando la evidencia del fracaso no les deja otra opción que la de rendirse, se suelen sentir avergonzados y vacíos, y hasta deprimirse por periodos breves, porque más pronto que tarde son capaces de activar sus estrategias racionalizadoras y de recuperarse.

Esta racionalización es su mecanismo de defensa frente al dolor de no triunfar o en caso de haber cometido una acción inaceptable: o bien derivan la culpa a los demás o distorsionan la realidad mediante la construcción de una explicación alternativa a aquélla que les causa dolor. «Han rechazado mi proyecto porque me tienen envidia» o «porque hay intereses ocultos». En su argumentario nunca admitirá que el suyo no sea un proyecto suficientemente bueno.

Es un perfil fácil de encontrar entre personas a las que, durante su infancia y adolescencia, no se les ha enseñado a cooperar, a responsabilizarse, a considerar los derechos, intereses y el bienestar de los demás, en general con referentes adultos con perfil similar. Los narcisos adultos se sienten capacitados para todo, por ello no sienten la necesidad de llevar a cabo un entrenamiento previo, con lo que aumentan las posibilidades de errar. Como esta situación es muy dolorosa, se refugian en fantasías de éxito de tal manera que pueden llegar perder el contacto con la realidad y aislarse.

Las personas con este tipo de personalidad se suelen resistir a recibir un tratamiento terapéutico, excepto cuando las sesiones adoptan un cariz de reconocimiento. En este caso sólo se perpetuaría su patrón narcisista, ya que acudirían a terapia sólo por el reconocimiento obtenido. Las interpretaciones de sus conductas les llevan a padecer una fuerte tensión por los sentimientos negativos que les generan: tienen miedo a ser descubiertos en sus debilidades y no lo pueden soportar, razón por lo que suelen abandonar el tratamiento.

Estrategias de intervención

La tendencia a buscar un culpable de sus errores se puede contrarrestar por "efecto del modelado": si el terapeuta o la persona que convive con el narciso asume los errores, el paciente aprende -de alguien a quien valora en cierto grado- que no es necesario sentirse incómodo por haber cometido pequeños fallos ni buscar culpables que reduzcan el malestar.

A través de la terapia de pareja o familiar una persona narcisista puede aprender a negociar con los demás y a entender sus necesidades, así como desarrollar formas adecuadas de promover el reconocimiento de la pareja o los hijos. Frente a su hipersensibilidad a la evaluación y la crítica, podemos ayudarle si conseguimos que afronte estas situaciones de forma progresiva y graduada a través de comentarios de baja intensidad y en un marco mayor de reconocimiento («el trabajo que has desarrollado ha sido espectacular, aunque pienso que lo mejoraría aún más si...»), o haciendo que sea él mismo quien realice esa crítica sobre su trabajo («¿se te ocurre alguna forma más de mejorar?»).

Para corregir su tendencia a los pensamientos dicotómicos (o está perfecto o es una basura), hay que enseñarle a valorar lo que está bien y mal. Es el paso de esta expresión: «la paella ha salido fatal», -con independencia de quien la haya cocinado- a la siguiente: «tiene muy buen gusto, pero le sobra sal».

Resultan muy útiles las intervenciones paradójicas que redirigen la patología contra sí misma, creando un círculo sin salida: si le ayudamos a que perciba el sentimiento de grandeza como una necesidad, ésta entra en conflicto con su autoimagen de fortaleza.

Los pensamientos de Narciso


Si pudiéramos 'escuchar' los pensamientos más característicos de las personas narcisistas, nos encontraríamos con afirmaciones que sonarían así:

"Soy una persona muy especial".

"Puesto que soy superior, tengo derecho a un trato y privilegios especiales".

"A mí no me obligan las reglas que valen para los demás".

"Es muy importante obtener reconocimiento, elogio y admiración".

"Si los demás no respetan mi estatus, deben ser castigados".

"Todos deben satisfacer mis necesidades".

"Es intolerable que no se me tenga el debido respeto o que no consiga aquello a lo que tengo derecho".

"Las otras personas no merecen la admiración o la riqueza que tienen".

"Las personas no tienen ningún derecho a criticarme".

"Mis necesidades están por encima de las de cualquier otro".

"Sólo me comprenden las personas tan inteligentes como yo".


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3 comentarios:

eurovalor 22 de mayo de 2008, 11:33  

¿Puede considerarse a los narcisitas como personas con su autoestima baja?

Webmaster 22 de mayo de 2008, 19:02  

Buena pregunta. A simple vista parecería todo lo contrario. Lo que ocurre es que lo que se ve en Narciso no es real. Es una defensa compensatoria de lo que realmente pasa. Esto se ve claramente cuando Narciso se descompensa y sus defensas caen. A algunos lo llevan al suicidio cuando esto pasa.

eurovalor 22 de mayo de 2008, 23:04  

Gracias por tu respuesta. Coincide con lo que yo pensaba

Saludos

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Nicolás Maquiavelo:

Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos. En general los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver pero pocos comprenden lo que ven.

1948 - George Orwell


Se trata de esto: el Partido quiere tener el poder por amor al poder mismo. No nos interesa el bienestar de los demás; sólo nos interesa el poder. No la riqueza ni el lujo, ni la longevidad ni la felicidad; sólo el poder, el poder puro. Ahora comprenderás lo que significa el poder puro. Somos diferentes de todas las oligarquías del pasado porque sabemos lo que estamos haciendo.

Todos los demás, incluso los que se parecían a nosotros, eran cobardes o hipócritas. Los nazis alemanes y los comunistas rusos se acercaban mucho a nosotros por sus métodos, pero nunca tuvieron el valor de reconocer sus propios motivos. Pretendían, y quizá lo creían sinceramente, que se habían apoderado de los mandos contra su voluntad y para un tiempo limitado y que a la vuelta de la esquina, como quien dice, había un paraíso donde todos los seres humanos serían libres e iguales.

Nosotros no somos así. Sabemos que nadie se apodera del mando con la intención de dejarlo. El poder no es un medio, sino un fin en sí mismo. No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura. El objeto de la persecución no es más que la persecución misma. La tortura sólo tiene como finalidad la misma tortura. Y el objeto del poder no es más que el poder. ¿Empiezas a entenderme?